El soñador vislumbra horizontes difíciles de dibujar pero no imposibles de imaginar. Utiliza su lienzo mental y sueña un mundo inimaginable. Un mundo perforado por la ilusión, cargado de plenitud, emoción....El soñador cree que piensa...., lo hace...., piensa soñándo. Soñándo ve que la realidad, no es real, solo un sueño irreal...

Las dimensiones adquieren magnitudes inalcanzables, sin embargo, todo es proporcionable.La palabra, a veces, suena a música y el alma destila pentagramas sin melodía particular. El soñador evoca su boca con otra. Vive enamorado de lo mágico, lo onírico, manteniendo luchas con lo insulso, lo inoportuno. Se recrea en lo que cree, convierte el credo en algo sagrado, esperando siempre lo inesperado.

El soñador cuando naufraga, nunca pierde de vista la línea que separa al que sueña del que no. Aunque pierda las fuerzas verá que los días pasarán, más tarde lo conseguirá. Idolatra a los poetas, envidia a la Diosa plateada, se siente como pez en el agua, juega con las olas y dibuja ondas.... El soñador no es nadie mejor, ni peor.

El soñador vive inmortalizado en el sueño, recordando momentos venideros. Sintiendo que el mundo siempre tiene ese color azul celeste que ahuyenta todo tipo de peste. El soñador solo no hace nada, no es uno, necesita a los demás para sentir que el mundo puede existir, para ser soñado y vivido también....