Con la yema de mis dedos bordeo la silueta de un horizonte.

Uno que me invento, uno para mí en este momento.

Me derramo sobre las curvas del alma, que coqueta y buscadora de instantes, se tumba bajo una lluvia ansiada, deseada, para aplacar y sofocar este calor de acá...

Se abren las líneas que zigzaguean, para dar paso al ocaso.

El viaje mental se conjuga mientras doy pasitios chiquitos de oruga.

No tengo horas, ni mañanas ni tardes...por eso me instalo en destellos de aurora.

Todo el tiempo que ahora existe tiene nombre de estudio mezclado y alternado con el trabajo.

Pero es posible crear, aunque solo sean milésimas de segundo, un mircromundo.

Un pequeño universo que me hace poder desconectar y olvidar cierto rato la realidad; donde....

se me baña el cuerpo, se me calan las entrañas.

Bebo sueños y deseos, respiro y trago anhelos.

Aunque......los ojos están más abiertos y perceptivos que nunca.

Se me cuela una serpiente alada y se posa bajo mi nuca.

No muerde, solo me mantiene alerta, no hace daño, me hace más experta.

Allí puedo  hacer tintinear a las estrellas, incluso con soplos hacerlas brillar.

Cantan y me calman.

Suavizan.

Se eternizan.

Mientras.....veo puluar besos que quiero recibir y dar.....

Hago conteo, a la vez  que empieza un doble  goteo.....

Tic, tac, tic tac....

Me poso en Tchaikovsky y me envuelvo en su vals de  las flores...